8- Ruby Payne-Scott
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Pionera en radioastronomía, fue una de las primeras personas en utilizar ondas de radio para estudiar el cosmos, y la primera mujer en hacerlo. Nacida en Australia, mostró sus habilidades para la física y las matemáticas desde pequeña. Gracias a sus buenos resultados, obtuvo dos becas que le permitieron estudiar en la Universidad de Sydney, algo bastante inusual para las mujeres de la época.
Se graduó en física siendo la única mujer de su clase y fue la tercera mujer australiana en conseguirlo. Como investigadora, estudió una nueva técnica de tratamiento del cáncer: la radiología. Como las mujeres no podían promocionar en ciencia, continuó estudiando y se diplomó en Educación. Fue profesora hasta que fue contratada como bibliotecaria en una empresa de tecnología y comunicaciones. Gracias a su capacidad científica, pasó de bibliotecaria a ingeniera. Durante la II. Guerra Mundial, fue contratada por el gobierno australiano y, junto con su colega Joan Freeman, fueron las dos primeras mujeres que desarrollaron radares defensivos. Tras el final de la guerra, su equipo se especializó en radioastronomía, estudiando los astros a través de las ondas de radio que emitían. Fue en esta época cuando Ruby logró sus mayores éxitos y se convirtió en una pionera en radioastronomía solar, descubriendo algunos tipos de erupciones solares.
Además de por su carrera científica, Ruby destacó por su activismo; era comunista, atea y feminista. Había mucho que por lo que luchar en Australia: las mujeres casadas no podían tener trabajo fijo en las instituciones públicas, sufrían discriminación salarial y tenían normas de conducta y vestimenta (no fumar, no vestirse pantalones cortos,…). Tuvo problemas por luchar por los derechos de las mujeres, así como por vestirse pantalones cortos y fumar. Aunque se casó, lo mantuvo en secreto para no perder su puesto de investigadora, pero la descubrieron y perdió su puesto fijo. Su carrera se vio truncada definitivamente con 39 años, cuando fue madre, ya que las ayudas a la maternidad eran impensables en aquella época, y tuvo que elegir entre familia e investigación.
Sus últimos años estuvieron marcados por la enfermedad de Alzheimer y murió en 1981 con 69 años. Sin embargo, su legado sigue vivo: El gobierno australiano otorga cada año los Premios Payne-Scott para ayudar a las mujeres investigadoras que desean retomar su carrera después de ser madres.
